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Atractivos Turisticos de México

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Atractivos Turisticos de México/Mitos y Leyendas Mexicanos
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La Leyenda de Xtabay. México Vivían en un pueblo dos mujeres; a una la apodaban los vecinos la XKEBAN, que es como decir la pecadora, y a la otra la llamaba la UTZ-COLEL, que es como decir mujer buena. La XKEBAN era muy bella, pero se daba continuamente al pecado de amor. Por esto, las gentes honradas del lugar la despreciaban y huían de ella como de cosa hedionda. En más de un ocasión se había pretendido lanzarla del pueblo, aunque al fin de cuentas prefirieron tenerla a mano para despreciarla. La UTZ-COLEL, era virtuosa, recta y austera además de bella. Jamás había cometido un desliz de amor y gozaba del aprecio de todo el vecindario. No obstante sus pecados, la XKEBAN era muy compasiva y socorría a los mendigos que llegaban a ella en demanda de auxilio, curaba a los enfermos abandonados, amparaba a los animales; era humilde de corazón y sufría resignadamente la injurias de la gente. Aunque virtuosa de cuerpo, la UTZ-COLEL era rígida y dura de carácter: Desdeñaba a los humildes por considerarlos inferiores a ella y no curaba a los enfermos por repugnancia. Recta era su vida como un palo enhiesto, pero sufrió su corazón como la piel de la serpiente. Un día ocurrió que los vecinos no vieron salir de su casa a la XKEBAN, pasó otro día, y lo mismo; y otro, y otro. Pensaron que la XKEBAN había muerto abandonada; solamente sus animales cuidaban su cadáver, lamiéndole las manos y ahuyentándole las moscas. El perfume que aromaba a todo el pueblo se desprendía de su cuerpo. Cuando la noticia llegó a oídos de la UTZ-COLEL, ésta rió despectivamente. Es imposible que el cadáver de una gran pecadora pueda desprender perfume alguno- exclamó. Más bien hederá a carne podrida. Pero era mujer curiosa y quiso convencerse por sí misma. Fue al lugar, y al sentir el perfumado aroma dijo, con sorna: Cosa del demonio debe ser, para embaucar a los hombres, y añadió: Si el cadáver de esta mujer mala huele tan aromáticamente, mi cadáver olerá mejor. Al entierro de la XKEBAN solo fueron los humildes a quienes había socorrido, los enfermos a los que había curado; pero por donde cruzó el cortejo se fue dilatando el perfume, y al día siguiente la tumba amaneció cubierta de flores silvestres. Poco tiempo después falleció la UTZ-COLEL, había muerto virgen y seguramente el cielo se abriría inmediatamente para su alma. Pero ¡Oh sorpresa! contra lo que ella misma y todos habían esperado, su cadáver empezó a desprender un hedor insoportable, como de carne podrida. El vecindario lo atribuyó a malas artes del demonio y acudió en gran número a su entierro llevando ramos de flores para adornar su tumba: Flores que al amanecer desaparecieron por "malas artes de demonio", volvieron a decir. Siguió pasando el tiempo, y es sabido que después de muerta la XKEBAN se convirtió en una florecilla dulce, sencilla, olorosa llamada XTABENTUN. El jugo de esa florecilla embriaga dulcemente tal como embriagó en vida el amor de la XKEBAN. En cambio, la UTZ-COLEL se convirtió después de muerta en la flor de TZACAM, que es un cactus erizado de espinas del que brota una flor, hermosa pero sin perfume alguno, antes bien, huele en forma desagradable y al tocarla es fácil punzarse. Convertida la falsa mujer en la flor del TZACAM se dio a reflexionar, envidiosa, en el extremo caso de la XKEBAN, hasta llegar a la conclusión de que seguramente porque sus pecados habían sido de amor, le ocurrió todo lo bueno que le ocurrió después de muerta. Y entonces pensó en imitarla entregándose también al amor. Sin caer en la cuenta de que si las cosas habían sucedido así, fue por la bondad del corazón de la XKEBAN, quien se entregaba al amor por un impulso generoso  natural. Llamando en su ayuda a los malos espíritus, la UTZ-COLEL consiguió la gracia de regresar al mundo cada vez que lo quisiera, convertida nuevamente en mujer, para enamorar a los hombres, pero con amor nefasto porque la dureza de su corazón no le permitía otro. Pues bien, sepan los que quieran saberlo que ella es la mujer XTABAY la que surge del TZACAM, la flor del cactus punzador y rígido, que cuando ve pasar a un hombre vuelve a la vida y lo aguarda bajo las ceibas peinando su larga cabellera con un trozo de TZACAM erizado de púas. Sigue a los hombres hasta que consigue atraerlos, los seduce luego y al fin los asesina en el frenesí de un amor infernal. Fuente: De Mario Diaz Triay "Guia Turística de la Península de Yucatán - La tierra de los Mayas"
Martes, 09 Febrero 2010 | 9314 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
Atractivos Turisticos de México/Mitos y Leyendas Mexicanos
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Mitos y leyendas mexicanas Cuentan los ancestros tarahumaras que para que el mundo llegara a ser lo que es actualmente debió pasar por varias etapas formativas que se sucedieron unas a otras, y fueron destruidas por diluvios o por aguas hirvientes. Antes de la última destrucción del mundo había ríos cuya corriente corría hacia el lugar en donde el Sol se pone. Cuando solamente había arena, los Osos se dieron a la tarea de darle forma a la Tierra. Anteriormente, había muchas lagunas, pero cuando los hombres se pusieron a bailar el yumari, se formó la Tierra, y las rocas, que antes eran pequeñas y blandas, crecieron y se endurecieron y adquirieron la vida que llevan dentro. La Tierra era plana y las personas brotaban del suelo para vivir nada más por un año y morir en seguida, no vivían mucho. Otros abuelos cuentan que los hombres bajaron del Cielo y Tata Dios los llevó a las montañas, junto con el maíz y las papas que llevaban en las orejas. Esas montañas se encontraban en el centro del universo; para llegar a ellas los hombres fueron del noreste al este. Dios pensó en enviarles agua y creó los aguajes, de los cuales hay muchos en los llanos y junto a los arroyos. Cuando Dios creó al hombre le dio su aliento, y desde entonces se creó el Viento, el Aire, que sale por los agujeros de las tuzas, por las cuevas y por los aguajes donde viven víboras que ayudan a sacar el aire, porque en eso trabajan, sacando el aire, luego regresan a descansar con sus camisas rotas por arrastrarse en el suelo de cerros y planicies. Cada ojo de agua, río o fuente tiene una víbora que hace que el agua brote en la Tierra, son muy susceptibles y no se debe molestarlas. El símbolo del agua es la espiral cuyo movimiento connota la creación del mundo. Cuando Dios creó al mundo también hizo el arcoíris que pintó con hermosos colores, para que los hombres pudieran verlo después de la lluvia, pero advirtió que no se le puede señalar con el dedo porque la persona que lo hiciera se enfermaría. El arcoíris es muy veloz, si algún tarahumara sale corriendo tras él y lo alcanza, se convierte en un buen corredor, y el arcoíris ya no corre más. En los aguajes viven los witariki, “los que son de mierda”, seres sobrenaturales muy feos pero con mucho dinero invertido en ganado. Ellos roban el alma de las personas en el sueño y se la coman. En el mundo subterráneo habitan los teré gatíame, comandados por un dios llamado Terégor, “el de la casa de abajo”, patrón del Inframundo, con apariencia de lobo al cual le gusta matar a los seres humanos. También se le conoce con el nombre de Witura “el que es mierda”, quien detesta a todos los que habitan arriba de su mundo. Los aguajes son lugares sagrados porque ahí moran las serpientes y los witáriki que como quedó asentado roban y devoran las almas de las personas; para tenerlas contentas y tranquilas cada año se lleva a cabo un ritual que consiste en poner una ofrenda en los manantiales, para que se alimenten junto a su dueño. Se danza a la entrada de los manantiales y se ofrece la comida depositada en una ofrenda; así, el aguaje estará satisfecho y proporcionará agua y salud a los hombres. Si alguien pasa por la noche por un aguaje, debe ofrendarle comida, so pena de perder el alma o de que una rana se duerma en su sexo y le provoqué un fuerte daño: al que se le ha parado una rana en el sexo debe cambiar de género cada mes, y sus características de personalidad también cambiarán, y ya nunca podrán tener hijos. El mundo está formado por niveles: abajo se encuentran los anos de la Tierra, de los que proviene el gran mar que la rodea. Los anos están cuidados por unos seres pequeñitos que carecen de ano y se alimentan de los pedos de maíz de los hombres.
Miércoles, 13 Mayo 2015 | 63 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
Atractivos Turisticos de México/Mitos y Leyendas Mexicanos
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Mitos y leyendas de México La Leyenda del 5 de mayo Se dice que un pequeño zacapoaxtla se encontraba en los fuertes y los soldados llegaron y querían subir a los arboles para ver la posición de los contrarios pero eran frágiles y no podían ascender a los arboles para ver la posición del enemigo, el niño les dijo que el subiría y lo dejaron, vio como se acercaban los franceses y les decía todo, posición, como se armaban. Empezaron a balacearse le dijeron al niño que bajara pero el persistía con la información, pero uno de esos tiros le dio a niño en el corazón. El niño cayó del arbol y murio, guardaron su cuerpo y con la posicion de los franceses que había dicho el niño pudieron vencerlos, luego de la batalla se dice que le hicieron su funeral y lo nombraron el héroe de esa batalla.
Martes, 02 Julio 2013 | 1370 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
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Leyenda del Águila y el nopal. México Cuaucóhuatl y Axolohua fueron pasando y miraron mil maravillas allí entre las cañas y las juncias. Ese había sido el mandato que les dio Huitzilopochtli a ellos que eran sus guardianes, eran sus padres los dichos. Lo que les dijo fue así: - “En donde se tienda la tierra entre cañas y entre juncias, allí se pondrá en pie, y reinará Huitzilopochtli.” Así por su propia boca les habló y esta orden les dio. Y ellos al momento vieron: sauces blancos, allí enhiestos; cañas blancas, juncias blancas, y aun las ranas blancas, peces blancos, culebras blancas: es lo que anda por las aguas. Y vieron después donde se parten las rocas sobrepuestas, una cueva: cuatro rocas la cerraban. Una al oriente se ve, nada de agua tiene, es sin agua que se agita. La segunda roca de la cueva ve al norte: se ve que está sobrepuesta, y de ella sale el agua que se llama agua azul, agua verdosa. Cuando esto vieron los viejos se pusieron a llorar. Y decían: - ¿Con que aquí ha de ser? Es que estaban viendo lo que les había dicho, lo que les había ordenado Huitzilopochtli. Es que él les había dicho: “Habéis de ver maravillas muchas entre cañas y entre juncias.” ¡Ahora las estamos mirando – decían ellos –, y quedamos admirados! ¡Cuán verdadero fue el dicho, bien se realizó su orden! Van a buscar a los mexicanos y les dicen: - “Mexicanos, vamos, vamos a admirar lo que hemos contemplado. Digamos al Sacerdote: él dirá qué debemos hacer.” Fueron a Temazcatitlan y allí se detuvieron. Por la noche vinieron a ver, vieron a mostrarse unos a otros y era el sacerdote Cuauhtlaquezqui, que es el mismo Huitzilopochtli. Dijo él: - Cuaucóhuatl, ¿habéis visto allí todo lo que hay entre cañas y juncias? ¡Aún resta ver otra cosa! No la habéis visto todavía. Id y ved un nopal salvaje: y allí tranquila veréis un águila que está enhiesta. Allí come, allí se peina las plumas, y con eso quedará contento vuestro corazón: ¡allí está el corazón de Copil que tú fuiste a arrojar allá donde el agua hace giros y más giros! Pero allí donde vino a caer, y habéis visto entre los peñascos, en aquella cueva entre cañas y juncias, ¡del corazón de Cópil ha brotado ese nopal salvaje! ¡Y allí estaremos y allí reinaremos: allí esperaremos y daremos encuentro a toda clase de gentes! - Nuestro pechos, nuestra cabeza, nuestras flechas, nuestros escudos, allí les haremos ver: a todos los que nos rodean allí los conquistaremos! Aquí estará perdurable nuestra ciudad de Tenochtitlán! El sitio donde el águila grazna, en donde abre las alas; el sitio donde ella come y en donde vuelan los peces, donde las serpientes van haciendo ruedos y silban! ¡Ese será México Tenochtitlán, y muchas cosas han de suceder!” -Dijo entonces Cuauhcóatl: - ¡Muy bien está mi señor sacerdote: ¡Lo concedió tu corazón: vamos a hacer que lo oigan mis padres los ancianos todos juntos! Y luego hizo reunir a los ancianos todos Cuauhcótal y les dio a conocer las palabras de Huitzilopochtli. Las oyeron los mexicanos. Y de nuevo van allá entre cañas y entre juncias, a la orilla de la cueva. Llegaron al sitio donde se levanta el nopal salvaje allí al borde de la cueva, y vieron tranquila parada el Águila en el nopal salvaje: allí come, allí devora y echa a la cueva los restos de lo que come. Y cuando el Águila vio a los mexicanos, se inclinó profundamente. Y el Águila veía desde lejos. Su nido y su asiento era él de cuantas finas plumas hay: plumas de azulejos, plumas de aves rojas y plumas de quetzal. Y vieron también allí cabezas de aves preciosas y patas de aves y huesos de aves finas tendidos en la tierra. Les habló el dios y así les dijo: - Ah, mexicanos: aquí sí será! ¡México es aquí! Y aunque no veían quién les hablaba, se pusieron a llorar y decían: - ¡Felices nosotros, dichosos al fin: hemos visto ya dónde ha de ser nuestra ciudad! ¡Vamos y vengamos a reposar aquí! Texto de la Crónica Mexicayotl, que redactó Fernando de Alvarado Tezozómoc hacia 1600, fundado en documentos muy antiguos de la Casa Real de México, de que era deudo. Fue dada a luz con versión en 1945. Es el fondo de muchos mitos que repiten otros autores. El texto es muy antiguo. Tomado de La Literatura de los Aztecas – Editorial Joaquín Mortiz Ángel M. Garibay K. Especialista en náhuatl y en letras clásicas Premio Nacional de Literatura 1965
Lunes, 28 Septiembre 2009 | 29491 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
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Mitos y Leyendas Mexicanas La leyenda del Ahuizotl Una de las bestias prehispánicas más temidas dentro de la mitología de los pueblos es sin lugar a dudas este perro de agua, es según las leyendas una de las bestias míticas más impresionantes que han salido del fondo de ríos y lagunas, aquí su leyenda. Cuenta una leyenda que en la época de la conquista… Hernán Cortes escribía a su rey los pormenores de lo que veía y de lo que acontecía en lo que ellos llamaron la nueva España…México- Tenochtitlán. Cortes se maravilló de la infraestructura que tenia la ciudad de los aztecas, describe en una carta dirigida a su Rey Don Fernando Hernando…”Existe un mercado donde se venden todo tipo de aves, de todo tipo de plumajes, búho, garzas…Aves nunca vistas en España… de muchos y variados colores, de cantos celestiales, criaturas de verdad esplendidas y maravillosas. También existe un lugar donde se venden plantas que curan todo tipo de enfermedades. Y entre sus calles existen medico y quienes elaboran los preparados medicinales…Todo está ordenado por calles…nunca se mezclan…También existe una calle donde vende animales para consumo humano y animales para los preparados medicinales. Destaca mencionar que entre existen muchos y variados jamás vistos por ni un hombre en toda España. Maravillado Cortes contaba a su rey de los animales de la infraestructura del al ciudad de sus leyes y de sus formas de pesar y medir, de cómo el comercio se llevaba a grandes dimensiones y que venían de diferentes y muy variados lugares. Pero sin duda lo que le llamo la atención de los animales fue la leyenda del Ahuizotl…Una bestia no más grande que un perro normal, pero con una característica muy especial…….en su cola, la terminación no era normal, no terminaba en una punta…Tenía una garra con la cual mataba a sus presas…. Un día mientras reparaba una galera…Los marineros escucharon el llanto de un niño….Extrañados se apresuraron a ayudar al niño…pues sus llantos provenían del lago…Ellos pensaron que se estaba ahogando el niño… Pero para su sorpresa, nunca vieron al niño, Se aceraron mas a la orilla para distinguir de donde salía ese llanto y ver si podían ayudar a ese niño que lloraba. Cuándo de la nada una garra jalo al marinero tirándolo de la embarcación y lo arrastro hasta el fondo del lago…Asustado su acompañante se dio prisa para avisar que en el lago habían matado a su amigo… Salieron a buscar el cuerpo del marinero sin tener éxito. Al regresar los nativos les explicaron que había sido el Ahuizotl. Que es una animal místico y sagrado…. Los marineros se dijeron que ni un animal podría llevarse a un hombre de esa forma que eso era obra del diablo…Pero las desapariciones era cada vez más constante y los hombres no se atrevían a salir solo… Y menos si oían llorar a un niño. Después de la gran inundación en la ciudad de México los españoles estaban por cambiar la sede de su capital y trasladarla…. A le estado de Morelos o a Veracruz, pero tomaron una decisión más radical….decidieron cambiar el curso de los lagos y así desecar el gran lago que rodeaba a la ciudad azteca… Debido a ese cambio se extinguió el animal más exótico y agresivo que vivo en el periodo pre hispánico.
Miércoles, 17 Agosto 2011 | 8144 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
Atractivos Turisticos de México/Mitos y Leyendas Mexicanos
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La Leyenda del callejón del muerto. Leyendas Mexicanas Corría el año de 1600 y a la capital de la Nueva España continuaban llegando mercaderes, aventureros y no pocos felones, gentes de rompe y razga que venían al Nuevo Mundo con el fin de enriquecerse como lo habían hecho los conquistadores. Uno de esos hombres que llegaba a la capital de la Nueva España con el fin de dedicarse al comercio, fue don Tristán de Alzúcer que tenía un negocio de víveres y géneros en las Islas Filipinas, pero ya por falta de buen negocio o por querer abrirle buen camino en la capital a su hijo del mismo nombre, arribó cierto día de aquél año a la ciudad. Después de recorrer algunos barrios de la antigua Tenochtitlán don Tristán de Alzúcer se fue a radicar en una casa de medianía allá por el rumbo de Tlatelolco y allí mismo instaló su comercio que atendía con la ayuda de su hijo, un recio mocetón de buen talante y alegre carácter. Tenía este don Tristán de Alzúcer a un buen amigo y consejero, en la persona de su ilustrísima, el Arzobispo don Fray García de Santa María Mendoza, quien solía visitarlo en su comercio para conversar de las cosas de Las Filipinas y la tierra hispana, pues eran nacidos en el mismo pueblo. Allí platicaban al sabor de un buen vino y de los relatos que de las islas del Pacífico contaba el comerciante. Todo iba viento en popa en el comercio que el tal don Tristán decidió ampliar y darle variedad, para lo cual envió a su joven hijo a la Villa Rica de la Vera Cruz y a las costas malsanas de la región de más al Sureste. Quiso la mala suerte que enfermara Tristán chico y llegara a tal grado su enfermedad que se temió por su vida. Así lo dijeron los mensajeros que informaron a don Tristán que era imposible trasladar al enfermo en el estado en que se hallaba y que sería cosa de medicinas adecuadas y de un milagro, para que el joven enfermo de salvara. Henchido de dolor por la enfermedad de su hijo y temiendo que muriese, don Tristán de Alzúcer se arrodilló ante la imagen de la Virgen y prometió ir caminando hasta el santuario del cerrito si su hijo se aliviaba y podía regresar a su lado. Semanas más tarde el muchacho entraba a la casa de su padre, pálido, convaleciente, pero vivo y su padre feliz lo estrechó entre sus brazos. Vinieron tiempos de bonanza, el comercio caminaba con la atención esmerada de padre e hijo y con esto, don Tristán se olvidó de su promesa, aunque de cuando en cuando, sobre todo por las noches en que contaba y recontaba sus ganancias, una especie de remordimiento le invadía el alma al recordar la promesa hecha a la Virgen. Al fin un día envolvió cuidadosamente un par de botellas de buen vino y se fue a visitar a su amigo y consejero el Arzobispo García de Santa María Mendoza, para hablarle de sus remordimientos, de la falta de cumplimiento a la promesa hecha a la Virgen de lo que sería conveniente hacer, ya que de todos modos le había dado las gracias a la Virgen rezando por el alivio de su vástago. -Bastará con eso, -dijo el prelado-, si habéis rezado a la Virgen dándole las gracias, pienso que no hay necesidad de cumplir lo prometido. Don Tristán de Alzúcer salió de la casa arzobispal muy complacido, volvió a su casa, al trabajo y al olvido de aquella promesa de la cual lo había relevado el Arzobispo. Más he aquí que un día, apenas amanecida la mañana, el Arzobispo Fray García de Santana María Mendoza iba por la calle de La Misericordia, cuando se topó a su viejo amigo don Tristán de Alzúcer, que, ojeroso, cadavérico y con una túnica blanca que lo envolvía, caminaba rezando con una vela encendida en la mano derecha, mientras su enflaquecida siniestra descansaba sobre su pecho. El Arzobispo le reconoció enseguida, y aunque estaba más delgado que la última vez que se habían visto, se acercó para preguntarle. - A dónde vais a estas horas, amigo Tristán Alzúcer? - A cumplir con la promesa de ir a darle gracias a la Virgen-, respondió con voz cascada, hueca y tenebrosa, el comerciante llegado de las Filipinas. No dijo más y el prelado lo miró extrañado de pagar la manda, aun cuando él lo había relevado de tal obligación. Esa noche el Arzobispo decidió ir a visitar a su amigo, para pedirle que le explicara el motivo por el cual había decidido ir a pagar la manda hasta el santuario de la Virgen en el lejano cerrito y lo encontró tendido, muerto, acostado entre cuatro cirios, mientras su joven hijo Tristán lloraba ante el cadáver con gran pena. Con mucho asombro el prelado vio que el sudario con que habían envuelto al muerto, era idéntico al que le viera vestir esa mañana y que la vela que sostenían sus agarrotados dedos, también era la misma. -Mi padre murió al amanecer -dijo el hijo entre lloros y gemidos dolorosos-, pero antes dijo que debía pagar no sé qué promesa a la Virgen. Esto acabó de comprobar al Arzobispo, que don Tristán Alzúcer estaba muerto ya cuando dijo haberlo encontrado por la calle de la Misericordia. En el ánimo del prelado se prendió la duda, la culpa de que aquella alma hubiese vuelto al mundo para pagar una promesa que él le había dicho que no era necesario cumplir. Pasaron los años... Tristán el hijo de aquel muerto llegado de las Filipinas se casó y se marchó de la Nueva España hacia la Nueva Galicia. Pero el alma de su padre continuó hasta terminado el siglo, deambulando con una vela encendida, cubierto con el sudario amarillento y carcomido. Desde aquél entonces, el vulgo llamó a la calleja de esta historia, El Callejón del Muerto, es la misma que andando el tiempo fuera bautizada como calle República Dominicana.
Lunes, 31 Enero 2011 | 13298 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
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Mitos y Leyendas mexicanas La Leyenda del cerro de la vieja de Oaxaca Cuentan los nativos de la población donde se ubica este cerro que anteriormente hace muchos años antes que se poblara totalmente el lugar a principios de su fundación muchas personas pescaban y cazaban animales para alimentar a sus familias, pero había un señor que le gustaba demasiado cazar, y en una de esas ocasiones se fue a este cerro de la vieja como se conoce actualmente, a cazar venado; al llegar ahí vio una piedra muy grande y en ella estaba pintada de cuerpo completo una hermosa mujer de largas trenzas, la cual era una india, y descubrió que alrededor de la piedra había plomo, y que cada vez que necesitaba tiros iba al cerro a traer plomo para hacer las balas también cuenta que en las faldas del cerro había árboles cuyo fruto tenia una leche venenosa. Poco a poco este señor corrió el rumor de lo que había visto en el cerro, y muchas personas intrigadas fueron a comprobar si lo que decía sobre la piedra era verdad, pero ellos no encontraron nada y cuando quisieron salir del cerro no podían, ya que daban vueltas y vueltas alrededor de dicho cerro y no encontraban el camino para regresar al camino que los conducía a sus casas y decían que el lugar estaba encantado. Las personas del lugar regresaban en otras ocasiones para ver si era verdad lo que decía el señor ya que el afirmaba e insistía que había y estaba la piedra en ese lugar ya que el la había visto, pero en cambio los demás decían que no estaba. La piedra no se encontró y aun hasta en nuestros días no hay indicios de ella, ni de la misteriosa mujer en la piedra, únicamente se sabe que existió por el testimonio del señor, es por eso que desde entonces se le conoce como el cerro de la vieja. Otra versión cuenta que se le llama así porque ahí se veía una mujer vestida de blanco, la cual al momento de voltearla a ver ya no estaba donde la habían visto por primera vez. Fuente: Reyna Esther Cortes Ortiz
Lunes, 20 Junio 2011 | 9105 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
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Mitos y Leyendas mexicanas La leyenda del Charro de la ciudad de México Allá por las afueras de la Ciudad de México, con dirección a Toluca, se encuentra uno con los arbolados cerros y bosques ahora muy visitados y cuyo parque nacional más conocido es el de "La Marquesa". Ahí cuentan que en ciertos pueblos aledaños se hablaba de un charro que ocasionalmente cabalgaba esos lugares y el encuentro con este personaje era tan inesperado como enigmático. En alguna ocasión, una señora a la que llamaban para auxiliar a las mujeres cuando iban a dar a luz escuchó que tocaban su puerta insistentemente. Ya era entrada la noche, por lo que abrió la puerta con cierta reserva, pero grande fue su sorpresa al encontrarse con un hombre vestido de charro, que le pidió que le acompañara para ayudar a parir una mujer. La señora tomó su rebozo, se encomendó a la santísima Virgen y después de montar en el caballo que estaba amarrado de la rama de un árbol afuera de su casa, acompañó al jinete a donde éste la llevó, rezando un rosario en el camino. Siendo de noche, la señora no reconoció los rumbos por donde el mencionado personaje cabalgó, y llegó a un jacalito sencillo donde habían varias señoras y la futura madre que con quejas y lamentos se aguantaba los dolores de las contracciones por el futuro parto. Ella, le dijeron, era la esposa del charro. La señora partera, conocedora de esos menesteres, hizo lo que siempre a la futura madre, la bañaba, refrescaba su frente con una tela. Fue pasando la noche, las señoras ayudaban a la mujer metiéndola a la bañera, respirando, luego la futura madre se dormía entre contracción y contracción, hacía ruidos, jadeaba, etc. La señora partera deambulaba por la casa, el charro la acompañaba afuera cuando ella salía y preguntaba cómo iban las cosas. En un momento la partera salió del cuarto a refrescarse un momento, y le explicaba al charro “se me hace que el bebé está por la mitad de la cabeza, le falta poco para salir”. Las otras señoras continuaron buscando posiciones cómodas para la señora del charro, y luego estuvieron platicando de la ropita que ya tenían para el niño y de lo mucho que lo esperaban y enseguida... la futura madre sintió que se le salía!. Fue rápidamente al cuarto del bebé. No podía pujar ya que no controlaba nada, ni podía contenerlo. La partera la agarró de las axilas por atrás, mientras las señoras ayudaron a acuclillarse a la mujer y en un grito que más bien fue alarido... salió el pequeño niño, llorando. Después de eso, con otra contracción, era la placenta. Fue todo muy rápido, después de un proceso de varias horas. Todos se pusieron contentos, incluso el charro, quien orgulloso, reconocía según el sus rasgos en el rostro de la creatura, aunque esta todavía estaba inflamada por el parto. Pasó todo, y el charro devolvió a la señora partera a su casa, sin decir palabra, pero cuando dejó a la señora en su casa nuevamente se despidió de ella, le dio un costalito con monedas de oro y le advirtió a la señora que guardara lo que había pasado esa noche como un secreto, pues "no viviría para contarlo". Indignada y también estremeciéndose de miedo por tal advertencia, la señora se apresuró a meterse en su casa y cerró la puerta, asegurando con un polín su puerta. Esperó a que se fuera el charro, esperaba escuchar las pisadas del caballo, pero no escuchaba nada. Pasaron los minutos y al poco rato se asomó para descubrir que el charro y el caballo no estaban. Cómo había hecho para irse sin aquel el caballo hiciera ruido?... La confusión y el recelo por lo que había sucedido le duraron varios días a la señora, pues no sabía si había soñado el suceso o realmente había sucedido. Sin embargo, el costalito con que le había pagado el charro ahí estaba, y no sabía qué hacer con esas monedas de oro, pues qué origen podían tener? Después de varias semanas estaba como ausente, las vecinas la saludaban y la señora las miraba como extrañada, invadida por dudas y miedos. Así, llegó el día en que platicó con una vecina lo que había ocurrido aquella noche y después de persignarse la vecina le aconsejó que llevara las monedas a la iglesia y que no contara a nadie más lo que había pasado. La partera dicen que siguió el consejo, hay quienes la vieron dirigirse a la iglesia. Sin embargo, a la mañana siguiente la señora ya no despertó de su sueño nocturno. Amaneció acostada, con los ojos cerrados, su cuerpo sin vida. Dicen algunos que se escuchó cabalgar al charro, pero no hay quien lo pueda asegurar. Lo cierto es que se cumplió la advertencia del jinete, quien le dijo que no contara sobre ese misterioso alumbramiento. Y del pago que le hiciera, tampoco se supo nada. Tal vez fue que regresó por su dinero, quién sabe?
Viernes, 12 Julio 2013 | 1245 hits | Imprimir | PDF |  E-mail
Atractivos Turisticos de México/Mitos y Leyendas Mexicanos
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Mitos y Leyendas Mexicanas La Leyenda del Cocay Quizá alguna noche en el campo hayas visto una chispa de luz que brilla y se mueve de un lado a otro; esa luz la produce el Cocay, que es el nombre que le dan los mayas a la luciérnaga. Ellos saben cómo fue que este insecto creó su luz, esta es la historia que cuentan: Había una vez un Señor muy querido por todos los habitantes de El Mayab, porque era el único que podía curar todas las enfermedades. Cuando los enfermos iban a rogarle que los aliviara, él sacaba una piedra verde de su bolsillo; después, la tomaba entre sus manos y susurraba algunas palabras. Eso era suficiente para sanar cualquier mal. Pero una mañana, el Señor salió a pasear a la selva; allí quiso acostarse un rato y se entretuvo horas completas al escuchar el canto de los pájaros. De pronto, unas nubes negras se apoderaron del cielo y empezó a caer un gran aguacero. El Señor se levantó y corrió a refugiarse de la lluvia, pero por la prisa, no se dio cuenta que su piedra verde se le salió del bolsillo. Al llegar a su casa lo esperaba una mujer para pedirle que sanara a su hijo, entonces el Señor buscó su piedra y vio que no estaba. Muy preocupado, quiso salir a buscarla, pero creyó que se tardaría demasiado en hallarla, así que mandó reunir a varios animales. Pronto llegaron el venado, la liebre, el zopilote y el cocay. Muy serio, el Señor les dijo: Necesito su ayuda; perdí mi piedra verde en la selva y sin ella no puedo curar. Ustedes conocen mejor que nadie los caminos, las cavernas y los rincones de la selva; busquen ahí mi piedra, quien la encuentre, será bien premiado. Al oír esas últimas palabras, los animales corrieron en busca de la piedra verde. Mientras, el cocay, que era un insecto muy empeñado, volaba despacio y se preguntaba una y otra vez: ¿Dónde estará la piedra? Tengo que encontrarla, sólo así el Señor podrá curar de nuevo. Y aunque el cocay fue desde el inicio quien más se ocupó de la búsqueda, el venado encontró primero la piedra. Al verla tan bonita, no quiso compartirla con nadie y se la tragó. Aquí nadie la descubrirá se dijo. A partir de hoy, yo haré las curaciones y los enfermos tendrán que pagarme por ellas. Pero en cuanto pensó esas palabras, el venado se sintió enfermo; le dio un dolor de panza tan fuerte que tuvo que devolver la piedra; luego huyó asustado. Entre tanto, el cocay daba vueltas por toda la selva. Se metía en los huecos más pequeños, revisaba todos los rincones y las hojas de las plantas. No hablaba con nadie, sólo pensaba en qué lugar estaría la piedra verde. Para ese entonces, los animales que iniciaron la búsqueda ya se habían cansado. El zopilote volaba demasiado alto y no alcanzaba a ver el suelo, la liebre corría muy aprisa sin ver a su alrededor y el venado no quería saber nada de la piedra; así, hubo un momento en que el único en buscar fue el cocay. Un día, después de horas enteras de meditar sobre el paradero de la piedra, el cocay sintió un chispazo de luz en su cabeza: ¡Ya sé dónde está! gritó feliz, pues había visto en su mente el lugar en que estaba la piedra. Voló de inmediato hacia allí y aunque al principio no se dio cuenta, luego sintió cómo una luz salía de su cuerpo e iluminaba su camino. Muy pronto halló la piedra y más pronto se la llevó a su dueño. Señor, busqué en todos los rincones de la selva y por fin hoy di con tu piedra le dijo el cocay muy contento, al tiempo que su cuerpo se encendía. Gracias, cocay le contestó el Señor veo que tú mismo has logrado una recompensa. Esa luz que sale de ti representa la nobleza de tus sentimientos y lo brillante de tu inteligencia. Desde hoy te acompañará siempre para guiar tu vida. El cocay se despidió muy contento y fue a platicarles a los animales lo que había pasado. Todos lo felicitaron por su nuevo don, menos la liebre, que sintió envidia de la luz del cocay y quiso robársela. Esa chispa me quedaría mejor a mí; ¿qué tal se me vería en un collar? pensó la liebre. Así, para lograr su deseo, esperó a que el cocay se despidiera y comenzó a seguirlo por el monte. ¡Cocay! Ven, enséñame tu luz le gritó al insecto cuando estuvo seguro de que nadie los veía. Claro que sí dijo el cocay y detuvo su vuelo. Entonces, la liebre aprovechó y ¡zas! le saltó encima. El cocay quedó aplastado bajo su panza y ya casi no podía respirar cuando la liebre empezó a saltar de un lado a otro, porque creía que el cocay se le había escapado. El cocay empezó a volar despacio para esconderse de la liebre. Ahora, fue él quien la persiguió un rato y en cuanto la vio distraída, quiso desquitarse. Entonces, voló arriba de ella y se puso encima de su frente, al mismo tiempo que se iluminaba. La liebre se llevó un susto terrible, pues creyó que le había caído un rayo en la cabeza y aunque brincaba, no podía apagar el fuego, pues el cocay seguía volando sobre ella. En eso, llegó hasta un cenote y en su desesperación, creyó que lo mejor era echarse al agua, sólo así evitaría que se le quemara la cabeza. Pero en cuanto saltó, el cocay voló lejos y desde lo alto se rió mucho de la liebre, que trataba de salir del cenote todo empapado. Desde entonces, hasta los animales más grandes respetan al cocay, no vaya a ser que un día los engañe con su luz.
Martes, 13 Mayo 2008 | 6260 hits | Imprimir | PDF |  E-mail | Leer más
Atractivos Turisticos de México/Mitos y Leyendas Mexicanos
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Mitos y leyendas mexicanos La Leyenda del conejo en la luna Quetzalcóatl, un dios imponente y bueno viajaba por el mundo en forma de hombre, cansado por andar todo un día, noto que su apetito aumentaba, pero siguió en el camino, hasta que las estrellas comenzaron a brillar y la luna se asomo. El dios, decidió sentarse a la orilla de un árbol, donde contemplo a un conejo. -¿Qué estás comiendo?, - le preguntó. -Estoy comiendo zacate. ¿Quieres un poco? -Gracias, pero yo no como zacate. -¿Qué vas a hacer entonces? -Morirme tal vez de hambre y de sed. El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo; -Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí. El dios benevolente y sorprendido por la reacción del conejito le dijo: -Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti. Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo: -Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos.
Jueves, 03 Enero 2013 | 26389 hits | Imprimir | PDF |  E-mail


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